Cada vez que recuerdo algo, cada vez que cuento una historia, tengo dieciséis.

Cuando tenía dieciséis Wen era mi único amigo. Era relativamente pobre, relativamente bonita y definitivamente no encajaba en ningún lado.

Un día me harte de mi vida y me senté en la BondStreet a esperar que el destino me encontrara. Supe que, una vez que el destino me encontrara, podría encontrarme a mí misma.

-Yo buscaba desesperadamente que alguien, de verdad, me viera.-


Me encontró el destino. Me encontraron góticos, punkys, fachos, travestis, alternos y metaleros. Me encontró la noche, las personas de la noche. Besarme era fácil, que me quede el tiempo suficiente como para que se bajen la bragueta, imposible. Yo era un adorno escurridizo, difícil de retener.

– Yo estaba devorando al mundo y deshaciéndome en gajos,

Vos estabas siendo devorado por tu mundo.-

Como un cachorro que aún no abrió los ojos, pegaba el hocico al piso y seguía mi instinto. Que haya habido un patrón, no significa que hubiese habido un plan.


-Yo era una muerta que bailaba desquiciada,

Vos estabas vivo ahí adentro.-

Los ojos sucios del extraño. Siempre, sobre mí, los ojos sucios del extraño. Los besos tienen valor, ergo los besos tienen costo. Los besos, entre otras cosas, me compraban protección.

-Yo tenía tus ojos clavados en mi espalda y la lengua metida en la boca de un extraño,

Vos tenías a María de las Flores Pútridas colgada de la botamanga.-

Tomaba belleza y se la susurraba al oído. Del otro lado de mi lengua no había nadie. Del otro lado de mi lengua: la nada. Los ojos cerrados y el alcohol en la cabeza. Del otro lado no importaba jamás.

-Yo era todo odio y gritos a los cuatro vientos,

Vos tenías amor y te lo callabas.-

Aprendí que las mujeres son frágiles en tus brazos y fuertes bajo tu puño. Nunca pertenecí a nadie ni a ningún lado. Es fácil ser el hombre perfecto cuando sos mujer. Dije: Si no soy la mujer perfecta, entonces seré el hombre perfecto.

-Yo destellaba rojos descontroladamente,

Vos estabas resignado a los grises.-

La niña-objeto, antes que nada, era objeto de mis propios castigos. Odié mi carne, la regalé de a pedazos y la convertí en el olvido. Antes de que yo fuese capaz de amar mi cuerpo, Wen lo amó primero.

-Yo me sentaba en tu pierna con el uniforme del colegio y las piernas abiertas,

Vos esperabas a que caiga la noche para masturbarte con un dejo de mi tibieza mientras María dormía a tu lado.-

Dejaba caer toda mi intensidad sobre el mundo, miraba a la gente a los ojos, recitaba mantras y verdades, luego desaparecía. Nadie sabía cómo era mi vida cuando no estaba ahí parada, en medio de la noche, complaciente, semidesnuda y con una media sonrisa inalcanzable.

-Yo estaba metida en un mar de autodestrucción,

Vos me querías desesperadamente en tu vida.-

El mundo es sucio allá afuera, siempre me duchaba antes de meterme en la cama. El mundo es intolerable. Las personas contienen demasiada información que se les escapa por los poros e inunda mis sentidos. El conocimiento añade dolor.

-Yo veía tus manos acariciar con ternura la cabeza de María,

Vos me veías pasar de mano en mano y morderlas todas.-

Si me cubría los ojos, mis oídos te robaban verdades de los matices de tu voz. Si callabas, si estabas ausente, mi piel percibía tu espíritu. Borracha y sucia, en medio de todo ese ruido, ahogada por el tacto de un extraño, te presentía.

Tu piel olía a otra mujer.

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