Poner distancia fue un acto de crueldad. Ningún niño es arrancado del vientre de su madre con gentileza. Cada día, Wen me pide que vuelva, que ocupe el lugar de novia que detesto.

Pero me encuentro a mí misma insensibilizada. Mis emociones descansan en un baúl. Puedo abrir el baúl y elegir la emoción correcta: odio.

Vuelvo al lecho de Wen, pero vuelvo diferente, libre de la carga de la palabra “novia”. Llego a su casa entrada la noche, sin rodeos, para convertirme otra vez en objeto, para detestarlo por la mañana, para que mi cuerpo lo asuma como extraño. Un extraño más con uno de mis pechos en el cuenco de su mano.

Esta soy yo en la cama de Wen, revolviendo el baúl en busca del odio.

El destino está escrito y al destino lo llamamos. “Destino”, dije, al vibrar la última nota del orgasmo y el destino, en ese instante, tocó a la puerta de Wen.

Me vestí y abrí la puerta con el rubor del sexo todavía en las mejillas. El momento donde la hembra, exultante, eufórica y poderosa, deglute la cabeza del macho. Fue en ese momento (un momento despiadado), que vi a TianTian entre nuestros amigos. Su silueta se encorvaba en la vereda, casi inocente, casi con las bolas como para pararse en una vereda que no le pertenece.

Adrenalina.

Adrenalina y media sonrisa de Pola.

TianTian se había enamorado de mí una semana antes, cuando me conoció semidesnuda y borracha en una fiesta. TianTian se paró en esa vereda en el momento correcto, por todas las razones incorrectas. TianTian y su descaro de aparecerse en la vereda de Wen me pusieron a salivar.

Y lo supe. Supe que lo complicaría todo, que me destrozaría a mí misma, a ellos, al mundo y nada podría evitarlo.

Wen lo supo casi al mismo tiempo que yo. Su orgasmo se le enroscó como una boa constrictora en el pecho. Los hombres, cuando son heridos, hacen con su boca el mismo gesto que cuando tienen un orgasmo.

El destino siempre provee formas de supervivencia. El destino trajo a TianTian a nuestra puerta.

Fuimos a un bar. Wen no soltaba mi mano y tomaba en silencio. Su derrotismo aplicaba por primera vez en todos estos años.

Wen tomaba mi mano mientras que mi pie, debajo de la mesa, acariciaba a TianTian. Mi cuerpo exudaba sexo. Mi sexo era violencia indiscriminada. Yo danzaba alcoholizada en medio de una escena histérica ¿Qué es ser mujer?

¡Oh, crueldad!

TianTian bajó su mano y acarició mi pie. Cómplice ahora de la muerte de Wen, con ese gesto, Tian Tian empalmó su destino con el nuestro.

TianTian, mi amante.

TianTian, némesis de Wen.

¡TianTian, niño, has encontrado la tibieza de mi vientre!

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