Cuando más vulnerable estás, más violenta te pones. La violencia se te sale por los ojos, hablas bajo entre dientes y nadie, ni Wen, puede ver una víctima detrás de esos ojos y esos dientes.

Entonces, Pola, te deshaces en llanto hasta que llega Wen y dice “perdón”. Y detrás del “perdón” le cruzas una bofetada.

¿Qué perdón? La palabra perdón no aplica, no se concibe en este hecho. No hay derecho a pedir nada, ni el bendito perdón.

Eres un ser de violencia infinita.

Le echás tarascones desquiciada, pones distancia, cuando querés sos jodida como vos sola. Como una perra rabiosa, con esos dientes tan grandes, ese gruñido tan profundo, ese pánico hecho violencia ¿A quién se le ocurriría protegerte? Los ojos de niña se vuelven duros, impenetrables, la boca destructiva, la lengua punzante.

Tal vez sólo sos jodida como vos sola cuando no te quieren.

¡Ah, Pola! ¡Te volvés tan aterradora! Toda tu dulzura se esfuma en un instante.

Entonces es cuando quererte se hace difícil.

Tus uñas rojoPola trazan líneas rojoPola. Es que cuando estas herida, Pola, tu cuerpo es víctima de todos los embates. Te castigas Polita, te castigas por vulnerable, por permeable, te castigas el cuerpo y la vida. No sabes ser víctima Pola, puta perra rabiosa, no sabes. Cuando peor estás, más fuerte mordés.

¿Qué saben ellos? ¿Qué sabe él que sos su Cristo? ¿Qué sabe él acerca del precio que pagas por ahorrarle las consecuencias de sus actos?

Le dilatas la muerte Pola, le dilatas la muerte porque sos débil y porque sos fuerte, o más bien porque pensás fuerte y ya. Pensás fuerte que podés ahorrarle a Wen el destino que se imprimió en la palma de la mano esa noche.

¿No es eso lo que le estás haciendo a tu cuerpo?

Rabiosa: te arrancas los pelos de la cabeza, te arañas el cuerpo, te rebanas los brazos en tajadas limpias y perfectas. Sin sangre no se purga la falta, porque solo la sangre limpia el alma.

¿Qué saben ellos lo que estás haciendo? ¿Que saben ellos que te retorcés la mente y el cuerpo hasta la última gota para cambiar el curso lógico, natural e indefectible de los hechos?

Decime Pola: Ese cuerpo de sacrificio, esa mente de sacrificio ¿Hasta cuándo el sacrificio? ¿Hasta cuánto es sostenible congelar el tiempo de esta forma?

Matar o morir y esos ojos rabiosos no dejan ver que este es tu morir por, morir para, morir por el mero morir.

Wen, dulce Wen, torpe Wen que no comete maldad sino torpezas. Pola hay que decir que sos una idiota. Tan idiota y tan loca que aún con esa confianza asesinada que traes en el pecho seguís teniendo en el fondo la más absoluta certeza de que te ama, que te quiere bien y lindo, dulce y tibio, a pesar de todo.

Y esa certeza sin sentido basta y pesa más que tu cuerpo, tu mente, tu salud (¿Qué carajo es “salud”?) Y, al final del día, el ser amada te valió más que tu alma.

¿Es que lo amas a él o es que te odias con saña?

No sabe ver el precio que se paga, un precio que se paga hoy y mañana y probablemente el resto de la vida en intolerables cuotas de delirio. Una forma tan compleja de detener al destino que sólo vos, Pola, con tu iluminada locura de Juana de Arco podés comprenderla.

Y así te quedas, terriblemente sola en medio de una cacería, un campo de batalla y un sacrificio. Una soledad triste y liberadora.

Una soledad que te asegura, Pola, que la carga es sólo tuya, tuya y de nadie más, tuya para arrullarla, tuya como un tesoro preciado de autocastigo y una promesa ilusa de salvación para ese que te lleno de alfileres el pecho.

Una soledad que te hunde en una locura iluminada de misticismo y perversión. Una soledad que es impenetrable porque la querés así, caprichosa. Y debo decir, Pola, que serás loca, pero sabes exactamente lo que estás haciendo.

Estas siendo un Cristo de violencia incomprendido.

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