Fase Oral Sádica: Segundo tiempo de la fase oral, según una subdivisión introducida por K. Abraham; coincide con la aparición de los dientes y de la actividad de mordedura. Aquí la incorporación adquiere el sentido de una destrucción del objeto, lo que implica que la ambivalencia entra en juego en la relación de objeto. K. Abraham distingue, dentro de la fase oral, una fase precoz de succión, «preambivalente», y una fase oral-sádica que corresponde a la aparición de los dientes; la actividad de mordedura y devoramiento implica una destrucción del objeto y aparece la ambivalencia pulsional (libido y agresividad dirigidas sobre un mismo objeto).

Pola sádico-oral. Pola dientes de perro muerde, traga, deglute, lame, devora, destroza.

Sigo con mi lengua el rastro de la lengua de María en el largo del sexo de Wen.

Pola dientes de perro se vuelve sobre su propio vómito, vuelve a la cama de Wen, a su olor, al olor de ella. Vomita, traga, regurgita y vuelve a tragar. Me castigo.

-Pola dientes de perro, Pola dientes de perro-

Todo impulso pasa por los dientes, las muelas, las encías. Tragar-tragar, atragantarse y morir. Buscarla está en los dientes.

Buscar a María de las Flores Pútridas y ya nunca más será ella, será una parte de mí, una imagen de mí, partículas difusas en mí.

La oralidad se hace agua en la entrepierna de Wen. Succiono, muerdo, asesino, le petit mort que Wen desea morir una y mil veces, como un cordero de sacrificio empujado al altar por la culpa de haber roto algo en mi cabeza.

Algo roto, algo roto no se repara.

-Lacan, Lacan-

Algo roto se emparcha y gracias.

La turgencia del sexo esclavo de un rastro. Sexo que quiere ser un sexo nuevo y no lo dejo. Mi lengua tras su lengua, siempre, mi lengua tras su lengua sobre el sexo de Wen. Mis labios lo acarician, mi rostro lo acaricia, mi pelo lo acaricia, mi boca deglute. Ahora no se amar, sólo puedo ser instinto de zorra, de perro, de cacería-desquicio.

Pola dice: bendito tu sexo.

Bendito el objeto a través del cual la invoco, el rastro encarnado.

Matar a Wen es matar a María de las Flores Pútridas.

Oralidad, oralidad sádica, ambigüedad, pulsión, deseo de morder, poseer, tragar e incorporar. El rastrero rito de asumirla. El rastrero rito de poseerla, para que sea mía y ya nunca de él ¿Quién es entonces el cordero?

Yo de rodillas rezándole mis mantras al objeto. Lamer la herida que es su sexo.

Invocar la presencia de María de las Flores Pútridas.

Encontrarla.

Asumirla.

Matarla.

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