Pola dientes de perro.

Pola dientes de perro balancea una pierna sentada en la ventana del comedor.

Pola dientes de perro fuma un cigarrillo, mira la noche, le masculla al gato sus pensamientos.

Dormir da miedo, espera al amanecer para acostarse. La únicas que duermen por la noche son las cartas de amor que María de las Flores Pútridas le escribió a Wen, debajo de la cama.

Si, las cartas duermen.

Tengo en el pecho el pálpito de que la vida no es así, de que nadie se esfuma, de que hay algo más gestándose, en esta noche y en este aire.

Le doy vueltas al asunto, suelto el humo entre los dientes. Lo que no sabe Wen es que no somos dos, no se esfumó nadie, somos tres. Y yo soy tan mujer de ella como de él.

Él nos ató como quien ata dos zorras por la cola.

Ahora Pola dientes de perro olfatea la noche, cierra los ojos, busca presencias.

Leí sus cartas, reconocí todas las esencias esparcidas en la habitación de Wen: me familiarice con ellas.

Sombras chinas por doquier.

Comprendí que es de los hechos que decimos que pasan, los vínculos… los vínculos quedan, trascienden el espacio y el tiempo.

Sentada en la ventana, no importa cuantas veces haga la cuenta, siempre da tres.

Misterio, misterio: ¿La amo o la depredo?

Pola dientes de perro se persigue su propia cola en un preámbulo a la más patética locura (véanme venir).

No lo voy a saber hasta que la encuentre.

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