En mi habitación, el humo espeso de mil cigarrillos.

En mi habitación, las persianas bajas y el calor pegajoso del verano.

Sigo con la ropa de anoche qué huele a él.

Me vuelvo sobre mi misma y esta piel me parece vieja y mustia.

Una crisálida.

Toda esta tristeza, esta muerte y esta bronca que arrastro hace meses. Su saliva pegajosa, la mugre de no bañarme, la remera con su olor, el humo espeso en el cuarto.

Esta soy yo masticando mi crisálida.

En mi encierro, no como, no duermo: salivo.

En mi habitación, encorvada sobre la computadora escribo una carta de amor.

Lo huelo en mí y como un animal, como una criatura en celo, como gollum al anillo, lo deseo.

Nada más importa.

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