Mi dulce Wen:

Soy una chica que se tortura mucho a sí misma, meto las narices donde sé que no debo. Pero que conste en el acta: tu estupidez va a matarnos a todos. Puede que eso  sea lo que me gusta de vos. La mayoría se esfuerza por dañar y se termina ridiculizando, pero vos no, vos sos una roca y yo soy la ola que se hace trizas contra vos una y otra vez.

Nunca pude enojarme, ese es el problema. Vos sólo estás ahí parado en el momento no indicado, en el lugar no indicado con la chica equivocada. Y el mundo se cae a pedazos.

Mi mundo se cae a pedazos.

Debo decirte que sos el feliz poseedor de estas extrañas cartas solo por una razón: Japón es una distancia prudencial para hablar verdades.

Aún así, escribo y titubeo antes de apretar “enviar”. Acto seguido, me digo a mí misma: “yo no titubeo” y cliqueo. Así es, mi dulce Wen, como mis sórdidas palabras vuelan hasta algún monitor de algún hotel en alguna ciudad de Japón y producen vaya uno a saber que en tu persona.

Nunca sé cómo vas a reaccionar, probablemente porque jamás te vi reaccionar ante  absolutamente nada. Vos sos muy Wen y yo soy muy Pola. La no-reacción me resulta inconcebible. Entonces llegás vos y… nada. En mi cabeza no cabía la posibilidad de no hacer nada, es algo que está fuera de mi entendimiento.

Quiero escribirlo todo. Si vos no estuvieras (que en realidad no estás), pero si vos no estuvieras en mi vida, y tuviese música y cigarrillos, me encerraria semanas enteras a escribir y gastaría todo mi dinero en libros de Pizarnik y japonesas tortas. No comería, no vería a nadie, no dormiría, sólo escribiría y pensaría en la vida. Como hace un año, antes de vos.

Sabés cómo soy, en realidad no dejo entrar a nadie, en realidad hay cosas que no comparto y cosas que no digo. Le vomito al mundo toda clase de idioteces y le digo a todo el mundo lo que quiere escuchar.

Ya me está pasando. Cada tanto sucede que me vuelvo más intolerante de lo acostumbrado con la gente a mí alrededor, los quiero lejos de mí y me saca de quicio cada mínimo defecto. No tengo ganas de salir, ni de ver a nadie, ni de hablar con nadie, sólo quiero encerrarme a volcar toda mi depresión de todas la maneras posibles durante meses y meses.

Ésta es la parte en la que me medican hasta que sea tan feliz que no pueda odiar a nadie. ¿No te parece horriblemente injusto que cada pastilla que tomo sea algo que rompiste dentro de mí? Crueldades del mundo, Wen. Como el hecho de que conocer el problema no implica que tengas control sobre el problema. Eso, eso también es una crueldad.

Después de todos estos años, todo ese dolor se endureció y se volvió una ira tan intensa que no sé dónde meterla. Ni siquiera sé contra quién, probablemente contra mí misma, por permitirles.

Los amé a todos, me vendé los ojos y los amé a todos. Y cada uno se llevó su parte. No los odio, en realidad no odio a nadie más que a mí misma, ni siquiera la odio a ella, sólo me odio a mí misma por haberte dejado ir esa noche. Todo esto es mi culpa.

Soy extraña a todo, ésa es mi mayor infelicidad, no pertenezco a ningún lado, en ningún lado estoy cómoda, no hay hogar. No hay hogares en este mundo, todos somos hijos bastardos, seguro no soy la única. Puedo ver las complicaciones de la vida, puedo ver hacia donde fluye y no es que sea vidente, es que siempre es lo mismo. Es el aura y la sensación de iluminación propia de los desquiciados.

No importa cuánto luche, siempre va a prevalecer mi naturaleza; no importa cuánto intente ser algo mejor que yo, soy yo y nada más. De hecho, suelo ser una idiota.

Siempre dije que había cosas que jamás perdonaría por respeto a mí misma y luego  te las perdoné todas. Ni siquiera sé por qué. Todo pasó rápido, sé que un año es mucho para vos pero un año no es nada. Yo sé, yo también soy un poco cruel.

A veces realmente no sé qué hacer con vos. Soy mejor amante que novia y, al final del día, vas a ser tan buen padre que es un desperdicio no llenarte de hijos.

Esa noche te vi, te vi y eras vos en mi alma destrozándolo todo. Los hombres lo destrozan todo. Y si ellos llegan y lo destrozan todo, puedo culparlos y convencerme de que no soy responsable de todo este dolor. Entonces puedo olvidar que yo escogí esas personas, yo escogí esas palabras y yo te dejé ir esa noche y que todo se reduce a Pola arruinando su existencia. Mi único mérito en la vida es sobrevivir a mí misma. Pero soy yo y nadie más es yo, eso tiene que valer algo en este mundo.

Todavía te creo que me querés bien, todavía tengo ganas de mirarte a los ojos y creer en vos, creer que vas a salvarme de alguna extraña manera y vas a cambiarlo todo. Todavía cuento con vos para que juntes los pedazos de mi corazón.

La vida es dura y agotadora. No importa cuánto trate de ignorarlo, tengo el pecho destrozado y todo lo que hago es crear rutinas en mi vida para poder seguir viviendo por inercia. He sido todo lo fuerte que puede ser una mujer en mi situación. Después de lo que pasó seguí siendo tu novia, me integré a tu familia, seguí con mis estudios, seguí con mi vida, todo fue terrible, pero en realidad me fue bastante bien para haberlo hecho todo con el corazón en pedazos.

De otra forma, me hubiese matado.

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