Querido Wen:

Hoy es una lluviosa mañana de domingo y estoy feliz de que sea lluviosa. Tenía ganas de un día lluvioso.

Ayer fui a pilates, limpié la casa, hice cosas y te extrañe horriblemente. El día se me consume pensando en vos y en cigarrillos.

Cigarrillos después del sexo.

La distancia está poniendo las cosas en perspectiva y los problemas se ven diminutos.

Pienso en nosotros y me pregunto: ¿Cómo desprenderse el pasado de la piel? Quisiera que me arranques tu pasado del pecho. ¿Qué estabas pensando cuando lo metiste ahí?

Niño estúpido. Indefectiblemente, tanto como te amo, odio tu pasado.

Decir: te lo suplico, no me lastimes más. ¿Va a ser siempre así?

La terrible mancha en nuestra historia, la mancilla del amor.

Te extraño, porque mi vida está ordenada y me siento hermosa. ¿De qué me sirve estar hermosa si estás en Japón, lejos de mí? Resolvamos nuestros problemas y seamos felices para siempre. Seamos sólo los dos, con nuestros lugares, nuestras maneras. Necesito creer que es posible. Necesito una felicidad para vivir.

Quedate conmigo, no vuelvas a mentir, no te calles nada, no calcules lo que me decís, yo te quiero, te quiero a vos. ¿Por qué habrías de censurarte?

Dormir juntos.

Esos minutos en la cama antes de dormir.

Esos cigarrillos post orgasmo.

Extraño el exacto segundo en el que acabás, extraño que acaricies mis pezones mientras vemos tele después de cenar y que el cuerpo se me llene de melancolía.

Melancolía que huele a Wen.

Comida china los sábados a la noche y una ducha caliente después de ordenarte la pieza, a que ya me estás extrañando, yo lo sé.

Temo que el pasado nos termine destruyendo.

Tengo miedo, no debí haber escrito estas cosas, odio pensar que te molesto, que te alejó de mí.

Hoy imprimí un mapa de Japón para ir marcando dónde estás.

Sólo volvé más fuerte.

Perdón por una carta tan infeliz.

Pola.

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