El cuerpo ha sido, en ocasiones, un objeto fuera de mí.

Como si tallara la historia, la violencia fueron líneas rojas, luego moradas y después blancas en mis brazos.

Sólo a través de él se puede dejar asentado en el mundo físico, las ansias devoradoras, la crueldad del pensamiento y los hechos impronunciables.

Se manifiesta en el cuerpo-objeto lo que me tortura abstracto en la cabeza y eso abstracto encarna en algo manejable, fuera de mí, controlable. Como un médium, vuelve tangibles los muertos que cargo en mi pecho.

-El cuerpo-objeto es el medio que comunica eso para lo que no existen palabras a esos que no tienen oídos-

El tacto impersonal del médico es el único tacto seguro. Con frecuencia, me encuentro a mí misma sentada en la camilla, de madrugada, balanceando los pies mientras el médico cose mi brazo como si no fuera mi brazo, sino sólo un brazo, carente de subjetividad.

-Un brazo perfecto-

Un médico no puede ver que eso que cose es un mensaje profundamente humano, profundamente subjetivo y simplemente inentendible.

-Un brazo que grita-

El médico me revisa, me mira sin mirarme, me toca con un tacto aséptico, libre de erotismo, como a un objeto inanimado, un cadáver.

Cuando estoy nerviosa voy al médico a ser sólo cuerpo-objeto, sin mí.

Este cuerpo es todo lo que tengo.

Para decir y para callar, para amurallarme y para mostrarme, para luchar y para descansar, este cuerpo es todo lo que tengo.

La carne es la verdad última.

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