A la salida del colegio, todos se van a almorzar con sus amigos. Yo sólo tengo a Wen y a Wen lo espera en la vereda, con cara de estùpida, María de las Flores Pútridas.

Wen se acerca, la besa y acaricia su cabeza con ternura. Como si fuese una niña, un objeto preciado: Wen acaricia su cabeza con ternura.

-Acaricia a María-

Mi corazón, negro de pecado, se empapa en envidia.

Yo quiero ser tocada de esa forma.

Wen dice que ellos van a almorzar a lo de su abuelo, pero después podemos juntarnos en los videojuegos. Sonrío y le digo que si.

Dentro de mi: infinita soledad.

Mientras todos almuerzan con sus amigos, como sola mi comida de un tupper sentada en la esquina. No tengo con quien almorzar ni nadie que acaricie mi cabeza.

Miro el tupper.

Nací en el puto tupper.

En los videojuegos, Wen y María parecen divertirse mientras fumo mil cigarrillos en una banqueta. Los otros chicos miran a María.

-Miran a María-

Pero entonces, algo sucede entre María y Wen, comienzan a discutir por algo. María rompe en llanto, Wen luce fastidiado.

Wen sé acerca y me dice “nos vamos”. Salimos a la calle y María nos sigue. Llora y le pide a gritos a Wen que la perdone. Nos alcanza y le ruega a Wen que no se vaya.

Por lo que alcanzo a entender de sus balbuceos parece que María pecó de besar a otro chico, al único chico que un poco me gusta, de hecho.

-María acariciada, mirada, besada-

Se tira al piso y toma a Wen de la botamanga para que no se vaya.

Parece que es buena para todo menos para retener a un hombre.

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