Observo la habitación. Sé que es mi habitación, pero no es mi habitación. Está llena de fotos, peluches, objetos que no soy. Otra persona sonríe en las fotos, a otra persona le gustaban los peluches o leía esos autores o usaba esa ropa. Esta habitación es un extraño mausoleo que me expulsa y me juzga por profanarlo con mi presencia.

Entonces me acerco a la única cosa que siento mía, que al tocarla la siento cálida y familiar: mi notebook. Me zambullo en ella y busco metódicamente alguien.

Alguien mínimamente adecuado.

No quiero estar en esta habitación.

No quiero estar sola.

Esta soy yo, buscando una víctima.

Busco entre mis pseudo conocidos alguien conectado que pueda tener el suficiente interés en mí como para llevarme a tomar una cerveza a algún bar de malamuerte a estas horas de la noche.

A la hora estoy subida a la moto de un pseudo conocido que me lleva al bar. Esto sucede con frecuencia.

Mientras habla, tomo cerveza más rápido que él.

Necesito ahogar la bola en el pecho.

Y no me importa, me aburro asquerosamente.

No sabe qué hacer, se siente intimidado. Me pregunta que se requiere.

“Huevos, huevos es lo que hace falta”.

Repregunta, eso es no tener huevos, por ejemplo.

Un hombre tiene que hacer lo que un hombre tiene que hacer.

Y una mujer, más todavía.

Sólo que yo no soy una mujer, soy un monstruo despojado.

Soy los brazos en jirones.

Nada me irrita más en el mundo que su nerviosismo mientra le da pequeños sorbos a la cerveza.

Castrado. Es instantáneo. No va a besarme.

Lo detesto y aún así me molesta que no me bese.

-Pola que ojos tan grandes tienes –

Mis amigos del bar vienen a saludar cada tanto, asegurarse de que estoy bien.

-Pola que boca tan grande tienes –

De sólo ver el hastío en mi cara se dan cuenta de que es él por quien deben preocuparse.

-Pola que dientes tan grandes tienes –

Y soplo y soplo y vuela la paja y sólo hay paja deshaciéndose frente a mis ojos.

No creo que dure otros veinte minutos y no me siento amable.

Dice: estoy un poco cansado.

Digo: andate.

-Antes de que terminemos de deglutir tu autoestima-

No lo dejo pagar. Los hombres pagan.

Piensa que soy extraña, mañana va contarle a todo el mundo que soy extraña.

Es que no soy una mujer.

Soy un monstruo, soy el niño muerto, mi gemelo malvado que creció en el hueco que dejó Wen, la criatura.

Cuando te rompen el corazón de verdad, no sentís nada.

Porque está roto.

Eso es lo que pasa.

 

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