La primera vez que me explicaron la vida, me la explicaron con tres corazones.

Todos los domingos, en la escuelita dominical de la iglesia, tres corazones de cartulina pegados en la pared, grabados a fuego en mi memoria.

Primero el corazón negro, que es con el que nacemos, porque todos nacemos pecadores a los ojos de Dios.

-Los ojos de Dios-

Segundo, el corazón rojo bañado de la sangre de Cristo que, en su inmensa misericordia, entregó su cuerpo, su carne, para que nuestros pecados fueran lavados y Dios pudiera mirarnos.

-Los ojos de Dios no toleran verte-

Tercero, el corazón blanco, limpio de pecado, puro a los ojos de Dios, que no ofende a Dios.

-Tu corazón ofende a los ojos de Dios-

Lo primero que me enseñaron acerca de la vida es que soy algo que Dios no puede mirar.

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