Esa noche y las noches que le siguieron, después de bañarme, me conecto, prendo la cámara y lo espero.

Espero ser vista.

Vi un video en internet sobre una niña qué rescato un cuervo con un ala rota. Cuando el ala del cuervo estuvo sana, la niña lo liberó. El cuervo volvía a la ventana de la niña todas las noches con pequeños regalos, cosas coloridas y brillantes como canicas o hebillas, cosas que encontraba para ella.

Detrás de la PC, desnuda, esperando.

En la hora de la crema el Perro me trae poemas y canciones como el cuervo a la niña.

El Perro dice: vine a lavar las tazas.

Y yo que voy dejando caer mis escudos.

Internet es la distancia óptima.

La urgencia inequívoca del sexo. Esta vagina que obedece a su voz y se hace agua en sus palabras.

Mis temores durmiendo a sus pies.

“Duerme conmigo, si eres piedra da igual yo seré pedregoso camino” titilando en la pantalla.

A la cama, Perro.

El cenicero desbordando.

Que se prenda fuego el mundo, yo no me salgo de esta ventana.

Soy aire, del signo del aire y temperamento vendaval.

Hielvacío, sangreamor y ardorsemen.

Vengo a morir en el intento.

Pide pieta y no. Pieta no. Urge, urge, urge.

Y una promesa: “Duerme conmigo yo te canto, te arrullo, te arropo, te abrigo, te mimo.”

Sé mi soledad.

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